En Polonia hay una pequeña compañía dirigida
por un visionario, Jerzy Grotowski, que también tiene
un objetivo sagrado. A su entender el teatro no puede ser
un fin en sí mismo; como la danza o la música
en ciertas órdenes de derviches, el teatro es un
vehículo, un medio de autoestudio, de autoexplora-ción,
una posibilidad de salvación.
El actor tiene en sí
mismo su campo de trabajo. Dicho ca mpo es más rico
que el del pintor, más rico que el del músico,
puesto que el actor, para explorarlo, ha de apelar a todo
aspecto de sí mismo. La mano, el ojo, la oreja, el
corazón son lo que estudia y con lo que estudia.
Vista de este modo, la interpretación es el trabajo
de una vida: el actor amplia paso a paso su conocimiento
de sí mismo a través de las penosas y siempre
cambiantes circunstancias de los ensayos y los tremendos
signos de puntuación de la interpretación.
En la terminología de Grotowski, el actor permite
que el papel lo "penetre"; al principio el gran
obstáculo es su propia persona, pero un constante
trabajo le lleva a adquirir un dominio técnico sobre
sus medios físicos y psíquicos, con lo que
puede hacer que caigan las barreras. Este dejarse "penetrar"
por el papel está en relación con la propia
exposición del actor, quien no vacila en mostrarse
exactamente como es, ya que comprende que el secreto del
papel le exige abrirse, desvelar sus secretos.
Por lo tanto,
el acto de interpretar es un acto de sacrificio, el de sacrificar
lo que la mayoría de los hombres prefiere ocultar:
este sacrificio es su presente al espectador. Entre actor
y público existe aquí una relación
similar a la que se da entre sacerdote y fiel. Está
claro que no todo el mundo es llamado al sacerdocio y que
ninguna religión tradicional lo exige. Por una parte
están los seglares -que desempeñan papeles
necesarios en la vida- y, por la otra, quienes toman sobre
sí otras cargas, por cuenta de los seglares. El sacerdote
celebra el rito para él y en nombre de los demás.
Los actores de Grotowski ofrecen su representación
como una ceremonia para quienes deseen asistir: el actor
invoca, deja al desnudo lo que yace en todo hombre y lo
que encubre la vida cotidiana. Este teatro es sagrado porque
su objetivo es sagrado: ocupa un lugar claramente definido
en la comunidad y responde a una necesidad que las Iglesias
ya no pueden satisfacer.
El teatro de Grotowski
es el que más se aproxima al ideal de Artaud. Supone
un modo de vida completo para todos sus miembros y contrasta
con la mayoría de los otros grupos de vanguardia
y experimentales, cuyo trabajo suele quedar invalidado por
falta de medios. La mayor parte de los intentos experimentales
no pueden hacer lo que desean debido a que las condiciones
externas pesan demasiado sobre ellos: dificultades en el
reparto de papeles, reducido tiempo para ensayar debido
a que los actores han de ganarse la vida en otros menesteres,
inadecuados locales, trajes, luces, etc. La pobreza de medios
es a la vez su queja y su excusa. Grotowski hace un ideal
de la pobreza: sus actores renuncian a todo excepto a su
propio cuerpo, tienen el instrumento humano y tiempo ilimitado.
No es, pues, asombroso que se consideren el teatro más
rico del mundo.
Estos tres teatros
-Cunningham, Grotowski y Beckett-, tienen varías
cosas en común: escasos medios, intenso trabajo,
rigurosa disciplina, absoluta precisión. Al mismo
tiempo, y casi como condición, son teatros para una
élite. Merce Cunningham suele actuar en salas humildes
y el escaso respaldo con que cuenta, y que escandaliza a
sus admiradores, le tiene sin cuidado. Beckett raramente
llena una platea de mediana capacidad. Grotowski no acepta
más de treinta espectadores. Está convencido
de que los problemas a los que ha de hacer frente, tanto
él como los actores, son tan grandes que un mayor
número de espectadores llevaría al desleimiento
del trabajo. Me dijo lo siguiente: "Mi búsqueda
se basa en el director y en el actor. Usted la basa en el
director, el actor y el público. Acepto que esto
sea posible, aunque para mí es demasiado indirecto."
¿Está en lo cierto? ¿Son éstos
los únicos teatros posibles para tocar la "realidad"?
Sin duda son auténticos para sí mismos, sin
duda afrontan la pregunta básica de por qué
el teatro, y cada uno ha encontrado su respuesta. Todos
ellos parten de su hambre, todos ellos se afanan en disminuir
su propia necesidad. Y sin embargo, la misma pureza de su
resolución, la elevada y seria naturaleza de su actividad,
colorea inevitablemente sus elecciones y limita su campo
de acción. No pueden ser esotéricos y populares
al mismo tiempo. No hay muchedumbre en Beckett, no hay ningún
Falstaff.
...En su vida privada,
los principales actores de Grotowski coleccionan con avidez
discos de jazz, pero no ofrecen canciones populares en el
escenario, a pesar de ser éste su vida. Estos teatros
exploran la vida, pero lo que cuenta como vida es restringido.
La vida "real" excluye ciertos rasgos "irreales".
Si leemos hoy día las descripciones de Artaud sobre
sus producciones imaginarias, vemos que reflejan sus gustos
personales y la corriente de imaginación romántica
de su tiempo, ya que tiene una cierta preferencia por la
oscuridad y el misterio, la salmodia, los gritos sobrenaturales,
las palabras sueltas en vez de las frases, las formas amplias,
las máscaras, los reyes, emperadores y papas, los
santos, pecadores y flagelantes, la vestimenta negra y la
piel desnuda y arrugada por el dolor. Un director que trate
con elementos que existen fuera de él puede engañarse
al considerar su trabajo más objetivo de lo que es
en realidad. Por la elección de ejercicios, incluso
por la forma de alentar al actor a que encuentre su propia
libertad, un director no puede evitar que su estado de ánimo
se proyecte sobre el escenario. El supremo objetivo para
el director sería estimular tal efusión de
la riqueza interior del actor, que transformase por completo
la naturaleza subjetiva de su impulso original. Por lo general,
el esquema dcl director o del coreógrafo se transparenta,
y aquí es donde la deseada experiencia objetiva puede
convertirse en la expresión de la fantasía
personal del director. Podemos intentar captar lo invisible
pero no debemos perder el contacto con el sentido común:
si nuestro lenguaje es demasiado esencial perderemos parte
de la fe del espectador. Como siempre, el modelo es Shakespeare.
Su objetivo es siempre sagrado, metafísico, pero
nunca comete el error de permanecer demasiado tiempo en
el nivel más alto. Sabía lo difícil
que nos resulta mantenernos en compañía con
lo absoluto, y por eso nos envía continuamente a
tierra; Grotowski reconoce esto al hablar de la necesidad
tanto de la "apoteosis" como de lo "irrisorio".
Hemos de aceptar que nunca podemos ver todo lo invisible.
Así, tras hacer un esfuerzo en esa dirección,
tenemos que afrontar la derrota, caer e iniciar de nuevo
la marcha.
LO
SAGRADO TEATRAL EN GROTOWSKI
EL ESPACIO VACIO, Arte y técnica del teatro de
Peter Brook |